Para mi esto fue BAKONGO 2010! Carta de Bakonguiana a Staff de BAKONGO

Jamás había sentido una sensación así. El corazón me latía más rápido de lo normal, eran las 4:30 de la mañana y yo estaba lista para empezar una aventura de la cual me habían hablado mucho, pero no había tenido la oportunidad de vivir. Finalmente se estaba volviendo realidad. Con mi maleta empacada hacia una semana, con el frío de la calera y dos magnificas personas que acababa de conocer, salí de mi casa pues no quería llegar ni un segundo tarde. Mi cabeza era sólo un nudo de ideas con un montón pensamientos atravesados y sólo tenía espacio para pensar en lo que ocurriría durante la semana que estaba por delante.

 

Mi corazón latía cada vez más fuerte. Por fin las luces de Bogotá se empezaron a  apagar  y llegamos al lugar de donde íbamos a salir. Al llegar allí vi mucha gente nueva e inmediatamente me aferré a la gente que conocía, pero con el paso del tiempo empecé a vencer una timidez que me sorprendía pues yo soy bastante espontánea; un rato después, cuando ya íbamos en camino, empezamos a jugar a conocernos más y cuando me di cuenta, ya tenía nuevos amigos. 

 

Pasaron las horas y sinceramente nunca había tenido tanta ansiedad dentro de mi cuerpo por llegar a un lugar, sólo quería que el tiempo pasara más rápido para así poder descubrir todo lo que nos esperaba, porque ahora no sólo yo importaba, también todas las personas que estaban a mi lado, que vivirían esta experiencia.

 

Llegamos por fin, grité, y mi emoción empezó a subir aún más, no podía quedarme quieta. Quería salir de ese bus. De repente  alguien gritó que había una puerta imaginaria, todos nos empezamos a reír pues nadie entendía de qué nos hablaban, pero poco a poco empecé a seguir el juego y finalmente vi la puerta que nunca pensé ver! En ese momento entendí que estaba en un lugar mágico…

 

“Abran esa puerta! Abran esa puerta!” gritaban veinte voces diferentes; finalmente, la puerta se abrió y todos saltamos de la carreta al oír una voz muy conocida, pero que no sabíamos de donde provenía. Mirábamos anonadados  hasta que nos topamos con una mesa, que tenía un letrero con una instrucción muy clara  que decía: “Cómeme sin manos” y arriba estaban unos platos con una crema dulce, todos empezamos a comer y nos dimos cuenta que en los platos también había un mensaje que nos daba la instrucción de dividirnos en grupos.  Nos dividimos con rapidez  y corriendo empezamos a buscar al staff que estaba escondido por toda la finca. Cada grupo se encontró a alguien diferente y en equipo charlamos sobre la amistad, el coraje, la alegría y la disciplina, valores que serían de suma importancia en el campamento. 

 

Luego nos volvimos a encontrar y realizamos actividades, fijamos normas y empezamos a construir un “colchoncito de amor” -cómo alguien dijo- para que fuera una semana inolvidable.

 

 

A la mañana siguiente un grito acompañado por tambores nos despertó. “Laaaa cigüeña que ya viene pa´ acá…. tu pijama tiene un agua mala”, se oía… Nos levantamos y arrancó el día que, sin saber, vendría acompañado de nuevos retos. Al llegar a un lugar nuevo, primero, creamos el electrocardiograma del corazón, donde cada uno contó sobre su vida y tuvo el valor de compartir con todos momentos alegres, pero también momentos difíciles que marcaron alguna etapa. Luego nos llevaron a un lugar donde nos dimos cuenta que lo que nos esperaba  no sería nada fácil, pues a algunos nos vencía la incertidumbre, a otros los derrotaba el miedo, pero finalmente, empezamos a subir y cada uno empezó a superar la prueba de las cuerdas altas.  Al terminar nadie se podía quedar callado pensando en cómo había sido la experiencia y que habían logrado como reto personal. La tarde continuó y de pronto  nos vimos envueltos en un aguacero que todo el mundo ignoró pues querían seguir cumpliendo las pruebas. 

 

Cansados, empapados y algunos golpeados, nos dejamos envolver por el aroma de una deliciosa agua-panela que nos calentó, y nos dio la fuerza para montarnos de nuevo en los hermosos Jeepaos que nos esperaban para regresar a la finca.

 

Caímos absolutamente profundos, pero recargamos todas las energías porque esto apenas comenzaba!

 

Llegó el día! Los niños llegarían y el Reino de BAKONGO se iluminó. Empezamos a trabajar en la bienvenida y los nervios de todos eran inaguantables, ya casi era la hora de encontrarnos con 19 niños que vivirían una semana única, en compañía de veinte jóvenes universitarios.

 

Un “Abran esa puerta” volvió a estallar y jamás había sentido una sensación parecida, ni siquiera al estar detrás de un telón en una obra de teatro. Esta vez era una sensación única: todo mi cuerpo temblaba y mi corazón se iba a explotar. 19 niños corrieron hacía mi y me miraban hasta que por fin grité “Bienvenidos BAKONGUIANITOS”, y toda la energía acumulada salió por mi garganta.

 

Esa noche empezó una semana única, una semana que siempre fue un sueño pero que se convirtió en realidad. Una semana donde nos convertimos en recolectores de café, donde las tribus se defendieron con el alma y donde una cigüeña interrumpía nuestros sueños que eran custodiados por dioses y duendes que, al compás de sonrisas, canciones y juegos, nos trasportaban  a un mundo mágico, un mundo cómo esos que sólo se ven en las películas pero que, sin saberlo, se convirtió en realidad, en donde una comida elegante era la perfecta ocasión para una serenata, y donde un show de talentos se convirtió en un espectáculo que  al final era aplaudido por miles de personas.

 

Fue una semana más que increíble donde las sonrisas se robaron el alma, donde las lágrimas se desataron en muchas ocasiones, y los sentimientos encontrados nos demostraron que sí somos capaces de cambiar el mundo. Donde la cotidianidad, y la monotonía de nuestras vidas se olvidó y el mundo de los adultos se desapareció, para así crear un reino fantástico donde por las noches se bailaba el vals.

 

Esos 19 niños se robaron mi corazón, y las imágenes de BAKONGO 2010 acompañarán mis sueños todas las noches, y en el día, cuando me levante, seguiré soñando con construir un mejor país.

 

Quisiera detener el tiempo y que esta semana no hubiese terminado nunca; hoy no quiero volver a la realidad  y aunque sé que es inevitable, tengo un mundo mágico en mi corazón,  llevo mi insignia con orgullo amarrada en el alma, pero  nunca me imaginé que BAKONGO 2010 transformaría mi vida!

 

Gracias Staff por cada momento, por cada trasnochada, por cada sonrisa, y por la energía que tuvieron en todos los momentos, por todo el amor que le metieron a este BAKONGO, por el cariño que nos manifestaron y  por impulsarnos a soñar y a luchar como guerreros durante la semana y para siempre. Gracias por darme la oportunidad de vivir una semana cómo la que tuve. Esto es más que un sueño cumplido! Y de aquí en adelante con toda para BAKONGO 2011.

 

Los quiero mucho”.

 

Juliana Henao

 

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